Entre corazones y casinos: Omar Sharif, legendario “Doctor Zhivago”

Un modelo de hombre: apuesto, exótico y seductor. Así conquistó Omar Sharif el corazón de las mujeres en la piel de “Doctor Zhivago” en 1965, hace cincuenta años, en lo que fue un papel clave en la vida de este rompecorazones que falleció hoy a los 83 años de un infarto en su ciudad natal, El Cairo.

El hombre del bigote y los ojos brillantes de color negro azabache interpretó todo tipo de papeles que requiriesen plasmar en la gran pantalla una personalidad melancólica, extravagante o perversa: capitanes franceses, jeques árabes, maharajás indios, nobles romanos y caballeros británicos. Y también personajes históricos como Che Guevara y Genghis Khan.

La carrera del carismático egipcio ya había alcanzado su apogeo en la década del setenta. En tanto actor de fama mundial proclive a las aventuras amorosas y con una tendencia a la vida disipada y a las mesas de juego, Sharif ocupaba la primera plana de los diarios y al mismo tiempo era amado por el público.

Había nacido el 10 de abril de 1932 como Michel Shalhoub, hijo de un rico empresario maderero de Alejandría (Egipto). Cuando tenía cuatro años, la familia se trasladó a El Cairo. Desde chico, Sharif mostró interés por el cine y las artes visuales. Durante su época escolar fundó un grupo de teatro y le gustaba ir al cine.

En 1953 consiguió su primer papel en una película egipcia (“The Blazing Sun”), tras lo cual se convirtió rápidamente en uno de los favoritos del público en su patria. Dos años más tarde se casó con su coprotagonista en ese largometraje, la famosa Faten Hamama.

Le siguieron más de veinte películas en Egipto, la mayoría junto a su esposa, hasta que el papel de jeque Sherif Ali en “Lawrence de Arabia” a comienzos de los sesenta le dio fama a nivel internacional. La película dirigida por David Lean en 1962 le valió además una nominación al Oscar como mejor actor secundario, trabajo asegurado en la industria cinematográfica, y dos Globos de Oro: como mejor actor revelación y mejor actor de reparto.

En la legendaria película basada en la novela de Boris Pasternak “Doctor Zhivago”, que Sharif protagonizó en 1965, el hijo de ambos, Tarek, encarnó a Zhivago en edad infantil. Pero fue su padre quien se llevó el Globo de Oro al mejor actor por el papel de Zhivago.

En 1966 se separó de su mujer. En 1968 protagonizó “Funny Girl”, un film que causó cierto revuelo debido a que Sharif, convertido al islam, compartía cartel con la judía Barbra Streisand en una época conflictiva del enfrentamiento entre Egipto e Israel.

En su autobiografía, publicada en 1977 bajo el título “The Eternal Male”, Sharif confesó que había tenido una aventura amorosa con la actriz y cantante estadounidense.

Su pasión por el juego lo llevó a ser campeón mundial de bridge en 1973. Durante años tuvo su propio y exitoso equipo, el “Bridge Circus”. Pero esa misma pasión también lo llevó al borde de la ruina. En 1982 admitió haber perdido al menos diez millones de dólares en la ruleta.

“En los últimos 25 años he hecho mucha basura porque siempre estaba endeudado”, dijo en 2004, refiriéndose a los papeles que había interpretado en esos años.

Su temperamento pendenciero le deparó dos condenas por lesiones. La primera fue en 2003 por una pelea en un casino francés y la segunda se la dictó en 2007 un tribunal de Los Ángeles por agredir físicamente al cuidador de un estacionamiento que no tenía su Porsche listo para cuando el actor quiso partir raudo del lugar en compañía femenina. Por este último episodio fue condenado a dos años de libertad condicional.

Sin embargo, Sharif tenía aún más para dar. En 2003 se estrenó “El señor Ibrahim y las flores del Corán” del francés François Dupeyron, en el que el veterano volvió a mostrar que su carisma actoral seguía intacto. Ese mismo año, durante la presentación de la película en el festival de Venecia, Sharif recibió en León de Oro a la trayectoria.

En 2005 fue galardonado con la primera medalla Serguei Eisenstein concedida por la UNESCO a figuras del mundo del cine “por su contribución a la diversidad cultural y al diálogo entre los pueblos”.

Tras su divorcio, el legendario actor mantuvo una existencia nómade que lo llevó a vivir alternativamente en Estados Unidos, Inglaterra y Francia. En una entrevista a un diario alemán una vez declaró que vivía en hoteles. “Vivo de viaje. No necesito mucho. No apego mi corazón a las cosas materiales”.

Sin embargo, en la madurez y tras una operación al corazón, Sharif prefirió volver a su país. “Sólo en El Cairo tengo amigos reales”, dicen que dijo alguna vez con nostalgia. “Estuve treinta años en el extranjero y solo”. En mayo trascendió que padecía Alzheimer.

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